Historias de Vida

PROYECTO DE INVESTIGACION MALVINAS

ACCIONES RELACIONADAS: ACTIVIDAD 1.4: RECOLECCION DE DATOS; ACTIVIDAD 7: MALVINAS-MEMORIA-DERECHOS SOBERANOSIMG_0566

FECHA: SABADO 27 DE AGOSTO DE 2016, DE 10 A 12:30 HORAS

ENTREVISTA NRO 01

 

Por Su Pereyra

 

Trabajar con la técnica de historias de vida, como instrumento que permita identificar el lugar de la memoria sobre un acontecimiento no es una tarea fácil. En especial cuando la misma, es sobre una cuestión tan sensible para los argentinos, como lo es la cuestión Malvinas.

Cuando pensamos en Malvinas, mil imágenes nos irrumpen agregando nuevas aristas a esta compleja relación entre los argentinos y las islas. En esta relación, hay quienes las identifican como propias, mientras que otros las mencionan como extrañas y ajenas.

También observamos dificultades con relación al relato sobre ellas. Sobre este punto están los que ven un episodio traumático; los que construyen un episodio traumático del relato familiar; aquellos que relatan la gesta bélica de la recuperación; quienes con profundo dolor identifican la locura de la junta militar… Así, nos encontramos con un sinnúmero de relatos todos válidos y con las limitaciones que le impone la memoria tanto individual como colectiva. Relatos que convergen en un mundo donde lo narrativo está solo asequible fragmentariamente desde el lugar en el cual se construye la memoria. Me pregunto, cómo llega ese relato a quien no conoció nada de esa guerra y que nació en democracia; o dónde ubica este relato quien nació en este nuevo milenio. Los currículos docentes tradicionales ven los acontecimientos en el primer nivel de enseñanza escolar como una sucesión de efemérides, pero dónde se ubica el pasado reciente que irrumpe desde la razón anamnética.

Eran las 9:30 de la mañana, armamos la sala de la cámara gesell con 13 sillas en círculo. Colocamos una mesa al costado, sobre la cual colocamos algunas amerites con café, tecitos y mate. Todo con la idea de buscar un clima agradable a nuestros invitados. Afuera del edificio, Santa Rosa nos dio una muestra de su presente. Por parte del Grupo Pharos-Programa Mavinas estábamos Florencia Andreotti, Ayelén Cabrera, Florencia Thot, Susana Miguens, Facundo de la Fuente, Hugo Sallis y la Directora del Programa Malvinas-Grupo Pharos Su Pereyra (Centro de Altos Estudios en Ciencias Sociales) acompañada por la Directora del Programa de Resiliencia María Gabriela Simpson (Centro de Altos Estudios en Educación).

A las 10 llegaron puntualmente tres de nuestros cuatro primeros invitados: Víctor, Germán y Silvio, a quienes les dimos la bienvenida de pate del equipo. Comenzamos la actividad disparando sobre la idea de memoria y guerra. Tras la presentación que cada uno de los tres veteranos de la guerra por Malvinas hizo, surgió con relación al disparador de la memoria una observación percibida por los veteranos que hizo referencia a como los veía la sociedad. Preguntamos cómo estaban conformadas sus familias, cuando recibieron la noticia que les había tocado hacer el servicio militar “la colimba” y luego la noticia que “irían a Malvinas”.

Recordaron a sus madres, rezando. Todas familias trabajadoras, “laburantes”, que estaban acostumbradas a anudar pañuelitos dentro del bolsillo del delantal bajo la consigna “Poncio Pilatos, si mi hijo no se salva de la colimba juro que no te desato”. En este momento me acordé que cada vez que leía un artículo sobre la guerra, citaban “hombres volvían mudos del campo de batalla”. Esta cita hace referencia al trabajo de Walter Benjamin sobre la segunda guerra mundial. Y los veteranos por Malvinas, también sintieron esa acción de desmalvinización desde la sociedad, desde la política misma. Eran los locos de la guerra. La sociedad argentina no estaba preparada para una guerra, como tampoco lo estaba para recibir a los que regresaban de la guerra, al después.

Siendo las 10:15 horas llegó Osvaldo, el cuarto veterano invitado quien vino acompañado por su esposa. Llegaron inmediatamente después el Codirector del Programa Malvinas-Grupo Pharos, Nicolás Argento y Fernando Casal integrante del mismo programa. Cuando ingresó Oslavo se produjo un reconocimiento inmediato. Los otros veteranos lo recibieron con la expresión “un patricio”. Apretón de manos, saludos perceptibles solo por quienes compartieron los mismos campos.

Entre ellos se entendían perfectamente en cada palabra que usaban, como “frío”, “pozo de zorro”, “balas trazadoras”, “bombardeo naval”, “posición”, “cuerpo a cuero”, “Soy clase 62 y 63 la clase que fue a Malvinas”.

Irrumpe en el relato la concepción de la guerra como aquel terreno privilegiado en el cual se tienden valores como el honor, la gloria o la hombría. Las historias de vida que develamos desbordaron de paisajes, situaciones y vivencias definidas y precisas, infinitamente ricas, extremadamente sugerentes y aterradoras por momentos.

Indagamos por el tema comida. Y según sus recuerdos, padecieron hambre. Uno de nuestros entrevistados comentó que llegó a comer comida de un basual que había en Malvinas. Los cuatro coincidieron en que cuando se rindieron, vieron en los galpones de la ciudad las hormas de queso, los paquetes de fideos, las cajas de dulce de membrillo. Recodaron que eran todos de conocidas marcas argentinas, y esto les dio mucha impotencia. Claramente esto fue un indicador de la falta de logística para la distribución de los víveres dentro de las islas.

Con relación a los vínculos entre los cargos superiores, sus jefes y ellos indagamos para tratar de identificar la claridad de instrucciones entre la formulación y el efector último de la acción. Ellos nos relataron que sus jefes eran prácticamente de su misma edad, tal vez cuatro años más que ellos -pero no más-.

También señalaron lo importante que fue para cada uno, el equipo y que su objetivo era volver enteros. Disponían de una sola pala, que se plegaba a la cintura. Era la “pala Linemann”. Osvaldo nos recordó que al pie de una roca inclinada y contra ella hizo un pozo de unos 2 metros de largo por 60 cm de ancho y algo más de 1,50 metros de profundidad. Lo difícil que era estar en ese lugar, primero había que cavar sobre la roca, luego la turba, y después brotaba el agua. El pozo de zorro era un lugar muy húmedo, por lo cual hubo quienes utilizaron las carpas para colocar en el fondo del pozo, y así poder ubicarse sobre la misma para que no les pasara tanta agua.

Algunos nos recordaron que esa ubicación los cubría del fuego de la artillería que provenía desde la izquierda, pero no los protegía del fuego que venía de otro sector. Un equipo en una posición eran cuatro individuos colocados espalda con espalda; uno de ellos cumplía el rol de cargador y uno solo era el disparador.

Luego indagamos sobre el regreso, sobre como lograron la vuelta. Comentaron que regresaron de manera diferente. Silvio regresó herido en el ARA “Bahía Paraíso. Víctor regresó en el ARA “Almirate Irizar”. Osvaldo y Germán regresaron en el buque inglés Nordland, y agregaron “nos dejaron en Puerto Madryn y se fueron”.

¿Qué pasó al regreso? Algunos excombatientes pidieron la baja. Lo compartido es que el propio ejército argentino les dio la espalda, a tal punto que cuando regresaron hubo a quienes les dieron tan solo 30 días de descanso, luego de los cuales debieron regresar al cuartel a cumplir lo que les faltaba del servicio militar. Y agregaron “esto fue… como cuando te tomas 30 días de vacaciones en tu trabajo. Terminan un domingo y el lunes regresas. Bueno esto fue igual”. Excepto los familiares de los soldados, el resto de la sociedad los ignoró. Cuando buscaban trabajo, algunos no decían que habían estado en Malvinas porque si lo decían, era una confesión de parte para perder la posibilidad de obtener un empleo. En el caso de Osvaldo, recodó que una vez caminando por Avenida Corrientes se miraba en una vidriera para ver si había engordado unos kilos, y se le acercaron unos hombres pidiéndole documento. El solo tenía un carnet, porque todavía no le habían devuelto el DNI. Y cuando le miraron la identificación, dijeron entre ellos “no…, déjalo que es uno de los que vino de la guerra”. Como si fuera un loco suelto. Luego consiguió un puesto en Banco Provincia y le costó mucho que lo aceptaran en el empleo, que aceptaran su forma de ver las cosas, porque siempre sus observaciones eran cuestionadas bajo el manto de las opiniones del “loco de la guerra”.

En el caso de Germán, recién hace un año pudo acercarse a un centro de veteranos. Y todavía le cuesta explayarse, abrirse. Porque “siente que algo tiene atado”. Mientras que Silvio, sufrió la tortura y la discriminación por ser judío. Cosa imposible de olvidar. Imperdonable. Pero reconstruye con su familia la memoria de su nunca más.

Otro aporte fue el reconocimiento en los desfiles. En torno a lo cual hay un reconocimiento de marchar a su lado de aquellos militares que aplicaban en Malvinas un “vamos” y no un “vayan”. En este sentido reflexionaron sobre Aldo Rico y Mohamed Ali Seineldin.

Preguntamos si han vuelto a las Islas en viaje. Osvaldo fue el único que responde no rotundamente. El resto si y el próximo año que se cumplen los 35 años esperan regresar. Por último, Victor reflexiona sobre su hoy, y nos recuerda que la rendición fue firmada por un individuo ajeno a él. Mientras que la última orden que “EL” recibió fue “soldado replegarse” jamás le dieron la orden “soldado rendirse”.

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Agradecemos a Osvaldo Ommel, a Silvio Katz, a Victor y a Germán quienes aceptaron nuestra invitación para identificar este colectivo Malvinas-Memoria-Derechos Soveranos. Tres pilares que son compartidos por la sociedad desde diferentes lugares y como observamos al comienzo desde diferentes posiciones. Gradecemos las fotografías que han compartido con nosotros. Las pulseritas que tantísimas veces vimos en el tren, el colectivo, a la bajada de la autopista. Pero hoy tienen un valor único para nosotros. En ella han depositado una muy pequeñita parte de su historia de vida, y en la cual nos han invitado a recorrerla por esa autopista de los recuerdos y construcciones geográficas de la memoria.

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Luego del 14 de junio del 82 no se habló de la guerra, no se habló del regreso de los combatientes, se los escondió, se desplegó sobre ellos un manto de olvido, el sueño de los justos. Tal vez esta sociedad cruel e hipócrita de alguna manera también los responsabilizaba por la derrota, que pasaron a ser mencionados como “los chicos de la guerra” y no ya como los hombres que habían combatido al enemigo, que habían arriesgado -en algunos casos perdido- su vida en los combates. Durante el gobierno democrático del 83 tampoco hubo una visibilización de los aun “chicos de la guerra”. Fue muchos años después, que la sociedad tal vez hizo de alguna manera una suerte de duelo social y se hizo cargo de este olvido. Se calcula que, en los últimos 34 años, se han suicidado más de 500 soldados argentinos que pelearon en la Guerra de Malvinas, que no pudieron soportar el estrés post traumático.

Según datos del sitio No OFICIAL DEL ROMPEHIELOAS ALMIRANTE IRIZAR en internet ( http://www.irizar.org/mlv-82-regreso.html): el 12 de Junio, el buque inglés “Norland” desembarcó 933 hombres en Montevideo – Uruguay; el 18 de Junio, el ARA “Bahía Paraíso” condujo 1661 hombres hasta Puerto Madryn; el 19 de Junio, el buque Inglés “Camberra” desembarcó 4136 hombres en Puerto Madryn; el 21 de Junio, nuevamente el “Nordland”, alcanzó 1992 hombres hasta Puerto Madryn; el 22 de junio, el “Irizar”, 415 Infantes de Marina y 62 soldados de la Fuerza Aérea en Ushuaia; el 27 de Junio el “Irizar”, desembarcó 956 hombres del Ejército Argentino en Puerto Madryn.

Mientras que el 14 de Julio, el Saint Edmund, reintegró a 636 rehenes de las tres armas en Puerto Madryn, estos hombres que estuvieron detenidos en prisiones militares en las islas, fueron recibidos con honores militares por el Comandante de la Infantería de Marina Contralmirante de Infantería de Marina Carlos Busser.

 

En ANSES, se puede tramitar una PENSION HONORIFICA DE VETERANOS DE LA GUERRA DEL ATLANTICO SUR. Se trata de una prestación vitalicia destinada a ex soldados conscriptos que participaron en acciones bélicas, y civiles en funciones en el lugar donde se realizaron estas acciones durante el conflicto del Atlántico Sur y sus derechohabientes. Esta prestación también le corresponde a Oficiales y Suboficiales de las Fuerzas Armadas y de Seguridad que se encontraban en situación de retiro o baja voluntaria u obligatoria, y que estuvieran destinados en el Teatro de Operaciones Malvinas (TOM) o entrado efectivamente en combate en el área del Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (TOAS) y sus derechohabientes.

La legislación argentina llama «Veterano de Malvinas» a todo el personal de oficiales, suboficiales y soldados de las Fuerzas Armadas y de Seguridad que hayan participado en las acciones bélicas llevadas a cabo en las jurisdicciones del TOM y del TOAS, y civiles que se encontraban cumpliendo funciones de servicios y/o apoyo en donde se desarrollaron las acciones. El TOM (vigencia desde el 2 de abril de 1982 hasta el 7 de abril de 1982) abarcó la jurisdicción comprendida por Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur. Mientras que el TOAS (vigencia: desde el 7 de abril de 1982 hasta el 14 de junio de 1982) su jurisdicción comprendió Plataforma Continental, Islas Malvinas, Georgias, Sandwich del Sur y el espacio aéreo y submarino correspondiente. En este sentido, el personal que sólo permaneció en el territorio continental durante la guerra de 1982, no estuvo ni en el TOM (Teatro de Operaciones Malvinas) ni en el TOAS (Teatro de Operaciones del Atlántico Sur), para la legislación actualmente vigente no es veterano; aunque haya sido movilizado y/o convocado al sur del paralelo 42. Esto conlleva una catarata de posiciones y reclamos sobre quiénes son o no considerados veteranos de guerra. Y abre permanentemente un reclamo en la sociedad.

 

BLOG AMIGO: http://resilienciasociocultural.blogspot.com.ar/

About the author: Tucidides

Grupo Pharos es el equipo de Investigación que lleva adelante el Programa Malvinas en el marco del Centro de Altos Estudios en Ciencias Sociales de la Universidad Abierta Interamericana, sede Buenos Aires.

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